Mariano se quejaba, que no le hacen caso, que sus palabras se llevaba el
viento. Tenía razón, pues sus palabras hace tiempo habían ido perdiendo su peso
vaciándose de contenido. Las promesas falsas los juramentos para toda la vida,
que aguantaban apenas una semana, le han despojado de la credibilidad. Aunque
pensaba que nadie se daba cuenta de sus incoherencias de cada día, los primeros
que se daban cuenta eran sus hijos pequeños, que aun no conocían palabras falsas
y vacías. Para ellos todo era nuevo y todo era verdad. Las palabras eran como
sus bombones de chocolate, todos tenían su sabor, que puede gustar o no, pero
siempre existe.
Feliz Sábado de Palabras con Sabor
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