Tantas veces se permitía un margen de errores e incumplimientos que
sorprendía su poca responsabilidad y falta de vergüenza. Severo,
exigente, autoritario con sus propios familiares, siempre tenía una
excusa hecha para justificar sus errores, su dejadez. Lo que con el
tiempo empezó a restarle la autoridad. Ya casi nadie lo consideraba
depositario de su confianza, a la vista eran sus constantes ausencias
en los lugares en los se comprometía estar. Eso sí, era implacable
criticando las faltas y ausencias de otros. Siempre en la vida vamos
a encontrar a gente que vive como si no existieran los espejos. Que
nunca va a reconocer nada que ponga una sombra de duda sobre sus
actitudes pero destruye a todos los demás.
Feliz martes de
responsabilidad.
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