No ha calculado bien hasta donde le iban a alcanzar sus buenos
discursos y a partir de qué momento le iban a pedir que responda con
acciones. Eso de empatía a distancia y compasión con los
necesitados era muy bueno y cierto pero no era suficiente. A nadie le
quitaban hambre ni frío su preocupación y sus buenas palabras. Se
necesitaba hacer algo más y él se liaba en justificaciones, excusas
cada vez más torpes y menos verosímiles. Sería mucho mejor
quedarse callado, el silencio no compromete tanto que las palabras,
pero cuidado porque hasta el silencio puede ser cómplice de las
peores atrocidades. Actúa, siente y habla, trata de guardar el orden
y las proporciones.
Feliz domingo de
actuar.
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