La distancia entre sus palabras y sus obras se estaba volviendo
abismal. Todos se daban cuenta de su incoherencia menos él.
Convencido que tiene derecho de opinar y que habla con autoridad y
conocimiento de causa. No sentía, ni incomodidad, ni vergüenza, ni
veía el abismo en el que caían las buenas intenciones. El vacío
que seguía las palabras aunque estas fueran certeras. Nos pasa
muchas veces cuando hablamos demasiado y hacemos poco, sin
comprometernos a solucionar alguno de los problemas que señalamos.
Todos tenemos derecho de opinar libremente, pero no nos podemos
limitar a opinar, tenemos que comprometeros en la trasformación de
nuestra realidad, la pequeña y la grande.
Feliz viernes de
actuar.
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