Las envidias eran muy pegajosas.
Atraían todo rencor y reproche suelto, haciendo de cosas pequeñas
problemas grandes. Se parecían a una enorme bola que está rodando
por la vida aplastando todo hasta la más pequeña alegría y
felicidad. Reflejando las dudas y las inseguridades, como un mal
espejo, que aumenta todo lo que es pequeño y disminuye todo lo que
es grande. La envida es la maestra de la distorsión. La que se
encarga de adulterar todo sabor, toda forma y gusto. Los que la
alimentan tienen asegurada la vida de eterna insatisfacción, viendo
en todos los que los rodean eternos y envenenados competidores. No
permitas que las envidias muevan tu vida. No lo que tienes fuera sino
lo que tienes dentro te hace grande.
Feliz
jueves sin envidia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario