Siempre me ha sorprendido el
misterio del dedo acusador. Cuando me lo explicaron los mayores y
cuando lo había entendido bien. Cada vez que señalamos a alguien
con un dedo, acompañando nuestro señalamiento con algún juicio o
incluso alguna condena, con tres dedos doblados nos estamos señalando
a nosotros mismos. Así la exigencia hacia otra persona se triplica
hacia nosotros. Puede ser que si lo entendamos de un vez por todas,
señalaremos menos o aún mejor dejaremos de señalar y seremos
exigentes con nosotros antes de serlo con los demás.
Feliz
lunes sin señalamientos.
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