Ellos siguen navegando, sumando millas, con la velocidad medida en nudos. Yo también navego a veces entre tormentas. Queriendo lo mejor consigo lo peor. Atando los cabos sueltos, remando y muchas veces esperando vientos favorables. Ya después de tantos años, en tantos puertos y encuentros busco la paz. La encuentro y la vuelvo a perder. Siento como Dostoievski que mi fe surge del horno de mis dudas. Por eso me lanzo a las aguas profundas sabiendo que si mantengo la paz y la confianza puedo flotar. Tantas personas han sido como mis puertos como mis anclas. Las conversaciones la radio y los libros han sido mis mapas. Lejos de la playa pero sumergido en su gracia. No fui marinero como me imaginaba y soy misionero como no me imaginaba. Gracias a todos que desde hace tantos años se han unido a mi tripulación. Seguiremos navegando por los mares de nuestras vidas y nuestras experiencias. Guiados por el Espíritu como una estrella. Por algo soy espiritano.
Feliz sábado de navegación.







