No sabía porque dolían así
algunas palabras. Otras apenas la afectaban. Llegaban a ella y
escurrían por su piel sin dejar marcas. Otras se clavaban y no se
las podía arrancar con el olvido ni silenciando su presencia. Eran
como espinas que no se puede sacar y poco a poco se van infectando,
causando dolor con cada movimiento, cada recuerdo. No había otro
camino para curación que el reconocimiento de la palabra, y también
descubrimiento de su procedencia. Después venía la respuesta a la
pregunta ¿por qué duele? ¿qué mueve y remueve en nosotros para
provocar tanto dolor? A veces el daño está unido a la palabra a su
fuerza y sus efectos que puede provocar, pero también sucede que hay
un daño antiguo una herida que nunca se cicatrizado y una palabra la
reabre con mucho dolor y sufrimiento. Saber que pasa nos ayudará
buscar ayuda y sanación. Las palabras que nos dirigen no son
nuestras, no tenemos el poder sobre ellas pero si tenemos el poder
sobre nuestras reacciones nuestras respuestas.
Feliz
miércoles de palabras sin dolor.
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