
Esther se ha cansado. No sabía decir si estaba más cansado su
cuerpo o su alma. Es cierto que en estos años el cuerpo se ha
enfermado constantemente. No salía de una y se metía en otra. No se
podía quejar ni de atención ni de cuidados. Pero se ha cansado, con
las últimas noticias no sabía si podrá más. Sentía que su cuerpo
ha llegado a lo que llaman: cansancio de los materiales. No veía
mucho sentido en someterse a otro tratamiento, sabiendo que después
de ese iban a venir otros. Que eso es solo prolongar el declive.
Necesitaba urgentemente encontrar motivos para seguir remando. Aquí
para nada servían los cálculos. Tenía la sensación que a pocos
importaba lo que sentía, lo que realmente la dolía. Pero había
unas personas que siempre estaban a su lado. Muchas veces con miradas
tristes, al sentir la impotencia de no poder hacer más. Tal vez
ellos sus miradas sus gestos sus palabras eran la única ancla que la
tenía amarada a la vida con la esperanza de otros día de risas
compartidas y momentos de paz. Puede ser que no era mucho, pero era
lo suficiente para dar un paso más con esperanza.
Feliz miércoles de
la última ancla.
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