En la boda entre largas mesas llenas de invitados había una pequeña mesa muy especial. En ella se sentaron a los que ya partieron a otro lado de la vida. Los que de otra manera han participado de la fiesta, de la alegría de los novios. No los dejamos en un rincón de la memoria, sino estaban en medio de la fiesta. Porque así es el amor. Toca el medio de corazón, el medio de nuestras vidas. Por eso está extraña situación de vacío cuando por un momento pensamos que no están. Tiempo ayuda a descubrir cómo están y dónde están. Nada puede impedir que estén plenamente presente en la fiesta, que vivan la misma alegría del resto de los familiares y amigos. El aroma de los platos y el ritmo de la música. Somos los que ellos fueron y seremos lo que recordaran de nosotros, lo que otros supimos vivir y compartir. Como siempre el secreto el camino está en el encuentro, más allá de los límites del tiempo.
Feliz Día de los Difuntos. Día de la Familia.



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