La pregunta que nunca hacía era la que siempre rondaba por su cabeza. No se arriesgaba demasiado poniéndola pero se dejaba al descubierto. Era extraño pensar que en una pregunta se puede jugar todo su futuro, toda la larga y buena relación entre ellos. ¿Podía mentirse que no existe la duda? ¿Qué cambiaría si tuviera la certeza? Así siempre pasa, que de una simple pregunta se hacen muchas y bastante complicadas. Pensando lo bien, ciertas conversaciones hay que hacer cuando se inicia algo y no a mitad de camino. Date tiempo para conocer, para buscar las respuestas que necesitas, para que nada te perturbe y para que no se metan las dudas en tu corazón y en tus relaciones.
Feliz miércoles con preguntas hechas.

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