Es curioso que sobre su concepción, nacimiento e infancia ha crecido mucho cuento. Difícilmente se puede distinguir entre la verdad y la leyenda. Sin embargo su muerte es tan clara tan indiscutible tan simplemente dolorosa y humana. Aplaca a discusiones, supera los estrechos límites de las teologías. No tiene nada que ver con las teorías. Muere porque lo han matado. Es que era tan insoportablemente coherente. Desafinadamente sincero y crítico llamando las cosas por su nombre. Denunciando los abusos dibujando el subversivo modelo de comunidad. Para todos hay lugar en ella bajo el enorme techo del cielo. Unidos en diversidad con el único pegamento seguro que es el amor, que libera y no esclaviza. Aquí no hay cuento, ni símbolos sino la vida que se escapa como a tantos que tuvieron la osadía que amar hasta el extremo. El primero nosotros siguiendo sus huellas. Después queda el silencio y la espera transformadora que pasa de parálisis inicial a la acción total.
Feliz Viernes Santo sin cuentos.

Gracias Mietet por estas palabras
ResponderEliminarEscrito sin cuento. Gracias
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