Llegaba el tiempo y Aurora miraba cuanta felicidad pudo acumular. Es cierto que la vida a veces se le hacía cuesta arriba, pero ella siempre avanzaba. Nunca sus pasaos necesitaban de aprobación de alguien. Ya muchas veces en su piel sintió como cambia la gente, con qué facilidad sus no se convierten en sí y sus si en no. Una luego tiene que asumir las consecuencias. Su vida era su vida y de los que ella amaba. Abriendo siempre el espacio al encuentro y alegría. Lo que quería compartir con ella tenían que hacer el esfuerzo de conocerla. Cada uno de nosotros crea los espacios y tejer la red de relaciones que nos dan seguridad en la vida nos sirven de apoyo. Tenemos que aprender a encauzar todos los fracasos y éxitos vividos. Convertir lo cotidiano en extraordinario y lo extraordinario en cotidiano. Aurora lo sabe hacer.
Feliz domingo de encauzar la vida hacia la felicidad.

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