Me pueden tachar de exagerado, de dar importancia a algo que de ella carece, de no saber vivir el duelo y no aceptar la partida de los seres queridos. Seguramente todos tienen razón. Muchas cosas hago mal y son tan imperfectas en mí, no entiendo ni explico bien. Solo que durante muchos años viviendo en diferentes partes del mundo, en una comunidad o solo. Visitando a los vecinos, los conocidos los amigos y familiares. He descubierto la magia de compartir un café, un té, tereré o mate. Compartir o tomarlo en soledad pensando en los que están lejos o en los que ya partieron. Uno de los recuerdos más entrañables de los familiares y amigos son estos momentos compartidos con una taza o una guampa en la mano. Desde mi infancia he asistido a la mesa a las 10, cambiaban personas que acompañaban a mis padres pero siempre hubo palabras risas, preocupaciones y sentimientos. Un café nos puede unir superando todas las distancias todos los tiempos, ni la muerte lo puede impedir. Por eso sueño con casa abierta y buena cafetera. Mesa con gente que quiere compartir unida a los que están lejos a distancia de in suspiro. Sin exclusiones disfrutando de los sorbos de la vida, de la amistad y esperanza, donde la conversación se teje con palabras calmadas y los problemas encuentran soluciones o por lo menos podemos descubrir que con ellos no estamos solos. Así que sigo invitando a compartir el café a las 10.
Feliz lunes con sabor a café

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