Disfrutaba tanto de lo que me rodeaba que estaba perdiendo la noción de tiempo y de espacio. Aunque trataba de vigilar la hora, porque en Tanlajás me esperaban ricos bocoles, estaba tan emocionado que retardaba el momento de regreso lo más posible para poder disfrutar más de este maravilloso lugar. Pensaba que tenía todo bien calculado y controlado. Parece que nunca estuve más equivocado. Al intentar regresar hacia cementerio tomé el camino equivocado. Una vereda que le alejaba de arroyo y de cementerio para desaparecer en medio de la vegetación. Al principio mantenía la ilusión de mantener buen rumbo y llegar al cementerio o salir al camino. No conseguía ni uno ni otro, la vegetación se espesaba cada vez más y cada vez más me sentía perdido. Llegaba el cansancio agotamiento, las piernas no respondían la respiración se recortaba. Varias veces enrollado en las ramas me caía, ya no contaba ni rasguños ni moretones. En una de estas perdí mi teléfono celular con todas las fotos toda la memoria de este maravilloso viaje. Tenía ganas de gritar y llorar. Cómo iba a encontrar a mi celular si no sabía dónde pisaba hace un rato ni por donde caminaba. Con vegetación alta, parecía tarea imposible. Me di cuenta que empezaba estar en el peligro. El cansancio llegaba al límite. Rece y Dios me quiere mucho en el tercer intento de regresar unos metros por mis pasos encontré en medio de zacate mi teléfono. Ya olvide los bocoles, pensaba en salvar la vida. Aún no han llegado los zopilotes así que tenía la esperanza. Me senté rece y pedí ayuda. Tome la decisión de no seguir buscando el camino, sino llegar a cualquier precio al arroyo para poder seguir su cauce y una vereda que antes existía a su lado. Decidir es fácil hacer es difícil. El suelo después de la noche de lluvia estaba muy resbaloso. El terreno hacia el arroyo estaba muy inclinado, podía escuchar el sonido de agua muy abajo. Empezó el descenso y empezaron las caídas. No pensaba en el dolor solo no quería romper la pierna ni torcer el tobillo. En una de ellas fui cabeza abajo hacia una piedras el choque sería fatal por suerte mi pie quedo atrapado entre una ramas. Así medio colgando saque toda la fuerza que tenía para ponerme de nuevo de pie. Hasta que por fin llegue al arroyo. Casi llore de emoción por segunda vez con el mismo arroyo que ahora significaba mi salvación, el camino seguro a casa. Puede seguir cansado el camino para llegar hasta la carretera y por ella sucio con sed lleno de lodo rasguños llegar a la casa. Agradecido avergonzado por mi imprudencia pero feliz de poder contar como anécdota lo que puedo significar accidente fatal o perdida de vida, sin que nadie supiera donde. Una lección para toda la vida y muy agradecido con Dios, que me permite contar lo vivido. Lección inmediata: es fácil meterse en un lugar en una situación pero es muy difícil salir. Uno no se da cuenta de todos los peligros hasta que está metido en ellos sin saber por dónde seguir. Tuve la oportunidad de salir y contar la aventura.
Feliz domingo de buscar la salida.




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