sábado, 13 de septiembre de 2025

Lugar bendecido



Cada paso me acercaba al arroyo, aumentaba el murmullo del agua que corría entre las piedras y se lanzaba en las cascadas. Por fin llegue. Ya no sabía si mis ojos y mis mejillas estaban mojados por las gotas de agua del arroyo que saltaban encima de las piedras o por las lágrimas de emoción de haber llegado a este lugar en el que tantas veces me sentaba miraba pensaba oraba y a veces lloraba cuando no aparecían las respuestas a tantas preguntas. Otra vez pude orar sentir a Dios tan presente tan cerca en este milagro de todo este viaje. Sentía que estaba en medio del sueño hecho realidad. Me faltaban ojos para ver todo, corazón para que quepan en él todos los sentimientos. No sentía nada más que la felicidad la dicha. Agradeciendo a Dios y a los que están en el otro lado de la vida que me han llevado hasta ahí. Bajaba por la vereda a lo largo de arroyo para mirar las cascadas desde los diferentes niveles. Todo era tan hermoso tan divino. Una víbora cruzo mi vereda, recordándome donde estaba. Me quería quedar sabiendo que tenía que regresar. Tanta felicidad provocó la gran imprudencia. Siempre es más fácil llegar a un lugar a un destino a una situación y mucho más difícil recorrer el camino de regreso para poder salir de este lugar o de esta situación en la que nos encontramos. Me pasó lo mismo. No sabía cuál era el camino de regreso. Pero de eso hablaré en el próximo texto. Hoy solo la felicidad del lugar bendecido que todos tenemos en nuestra vida en nuestra memoria, aunque no siempre podemos regresar a él.

Feliz sábado de lugar bendecido.

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