Todo tiene su inicio en el agua. Ahí nace la vida. Se purifica lo ensuciado, relaja lo tensionado y alimenta de frescor lo cansado, se apagan los fuegos y calman las fiebres de desconocimiento. En este viaje, no puedo faltar una visita en la playa, y en los arroyos, pero de los últimos, volveré a hablar después. Siempre en el fondo seguirá encendida la lámpara de mi sueño de querer ser marinero. Agua que me fascina porque une y separa, da la vida y la muerte, permite flotar y causa el hundimiento. Trae a la orilla cosas y se lleva de ella otras para transportarlas a algún lugar. He venido de otro lado del charco de donde vinieron las peores y mejores cosas. Muy pronto me he dado cuenta de que para poder caminar con la gente, tengo que dejar hundido en la mar el orgullo, la soberbia, los prejuicios y preconceptos con los que uno llega a un nuevo lugar. Quería tocar la tierra con los pies descalzos. Así lo hice en la playa Miramar hace 30 años así lo hice ahora. Refrescando todo, alimentando la vida y las emociones. Esperando que el corazón se purifique, que lo que se está sembrando en el corazón y en la memoria tenga crecimiento. Que pueda ver sentir y oír todas las maravillas que Dios pone ante mis ojos. Que el encuentro con las personas siga transformando mi realidad, dando sabor a la vida.
Feliz miércoles de la playa.


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