
Llegando
a la casa al mismo cuarto que ocupaba hace 23 años mi mirada fue
atrapada por la iglesia de Santa Ana. Con los años uno descubre que
es algo más que un lugar. Que no es solo un edificio antiguo, sino
un lugar de encuentro, en el que vivimos y compartimos tantos
momentos, desde los más alegres hasta los más tristes despidiendo a
los partían de entre nosotros. Aquí empezaba el camino a las
comunidades. Aquellas celebraciones sin prisa y sentadas en la sombra
platicando compartiendo tiempo y vida. A veces con los pies
embarrados pero con el corazón abierto. Cada día conociendo más y
mejor el ritmo de la vida de cada una de las comunidades. Acompañado
de tantos colaboradores y colaboradoras. Desde los mayordomos hasta
los catequistas. Todo eso llevando a más encuentros cuyos eco
resonaba hasta hoy día en los nuevos encuentros. En esta visita no
pude visitar a las comunidades, pero mi cariño y gratitud llega
hasta los últimos rincones y a cada una de las personas con las que
pude compartir mi vida. Todos en el mundo tenemos nuestros lugares de
paz y de encuentro con otros y con nosotros mismos, con todo lo que
somos y vivimos.
Feliz
jueves de los lugares de encuentro e inicio.
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