El círculo que se estaba cerrando. Me tuvo que llevar por los caminos que tanto viajaba y que han cambiado por completo. Alegría para los que pueden circular hoy sin tanto bache, tanto golpe. Ir hasta Santa Rosa y regresar. Atravesar El Barrancón, El Munec, la entrada de Cueytzen, la Argentina, para quedar en casa en la mesa, pasar por la capilla y suspirar. En la cabeza un torbellino de recuerdos rostros y voces que quieren encajar en su lugar. Dar sentido a cada camino, cada momento y decisión que me han llevado aquí. La dolorosa conciencia que siempre eligiendo algo se renuncia algo, que solo se dispone de un tiempo y en este tiempo se puede estar en un solo lugar, cuando hay tantos que uno quiere visitar. Todo tan bello, tan sabroso en todas sus dimensiones. Ya de regreso a Tanlajás apareció el Cerro del Mam. El que siempre ha servido de referencia que años atrás, me hizo sentir de la manera tan simple y natural la presencia de los Grandes Abuelos, del Dios que ha creado el mundo y nos ha puesto en tantos y tan diferentes caminos, permitiendo los maravillosos encuentros. Lo miro y suspiro. Regresa a mi en los sueños. El guardián de todo este camino que me llevo de regreso a casa. Gracias de corazón.
Feliz viernes de la sombra del Monte Sagrado.




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