No se puede explicar enseñando unas fotos. Hay que escuchar la música, sentir el ritmo. Dejarse llevar por la aparente monotonía que con cada círculo cerrado, cada vuelta hecha, nos lleva a otro nivel, como las idas y vueltas de la vida. Todos los días recorremos los mismos caminos. Los conocemos de memoria, pero nunca los recorremos igual. Porque cada día nos acompañan diferentes experiencias que hacen que nuestro caminar sea distinto. Es otro nivel de experiencia y de conocimiento. La danza lo expresa en su cíclica repetición. Los pasos se repiten con el acompañamiento de la misma música. Aunque las notas son iguales, los pasos también, no son los mismos son siempre nuevos, hacen avanzar. Hay otro punto que me llama poderosamente atención. La danza sigue su ritmo no se deja perturbar por el mundo que la rodea, ni por sus prisas ni por sus ansías. Ojalá nunca nos falten los músicos los danzantes y los cantantes. Nos hacen recordar las verdades más profundas de nuestra vida.
Feliz martes de la danza.




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