La salida de Tanlajás tenía que significar un reencuentro aunque sea fugaz con Ella. Una visita en Tepeyac en la Villa para agradecer y recibir lo que se necesita para el camino. Admiro este lugar por muchas cosas, pero una de las que más me conmueve es la fe y las oraciones concentradas en este lugar. Desde los siglos han abierto un camino un río de constante flujo que une a Dios con cada persona que se acerca, y nos une entre nosotros a pesar de todas las posibles diferencias. Aquí no hay problema de idiomas ni de la comunicación. Como buena Madre acoge a todos los que buscan a su hijo los que se sienten desorientados y golpeados por la vida. Me impacta el colorido y la cercanía. Es uno de estos lugares en los que no se para de hablar y al mismo tiempo uno siente que todo ya está dicho solo hay que callarse escuchar y sentir. No tener prisa porque todo afuera puede esperar se vuelve relativo a veces incluso secundario. Aquí está toda la energía todas las buenas ondas vibraciones toda la luz toda la fe esperanza confianza y amor. Aquí está al lado de la alegría todo el dolor, al lado de la seguridad todas las dudas al lado de lágrimas todas las sonrisas. El hecho que sigo vivo es el signo de la bendición y por eso quise agradecer en este lugar. Tan parecido en este sentido a todos los santuarios del mundo que almacenan la fe las oraciones y el grito de las esperanza. Agradecido de poder estar con Lupita que me ha acompañado en este camino. Ella sabe todo.
Feliz miércoles de reencuentro.





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