No le gustaban mucho las sorpresas. Era un de estas personas que trataba de tener todo bajo control. Su mundo era organizado y programado casi cronometrado todo lo que hacía. A pesar de todo es dominio que tenía sobre sus actividades y sobre el tiempo de repente algo lo descolocaba, haciendo tambalear toda a la estructura que ha construido. Por un instante se olvidaba de todo. La culpable de todo eso era la luz, que algunas mañanas en algunos amaneceres o por la tarde en algunos atardeceres o a cualquier hora del día iluminaba todo de una manera especial, una manera diferente sacando la belleza de cada color de cada contraste entre los colores cada primer y segundo plano. Siempre le resultaba impactante y era consciente que era efímero que no se podía ni detener ni programas, solo se podía mirar y disfrutar. Déjate a sorprender por la belleza pequeña y grande que te rodea. En ella está la medicina de muchos males de nuestra alma.
Feliz viernes de sorpresa.

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