Su mirada era paciente, suave. No se contentaba con lo superficial. Buscaba más allá de una mancha, de un error. No cortaba, no recortaba con los ojos, más bien trataba de abarcar más. No se satisfacía con partes de la verdad, distorsiones provocadas por la falta de la paciencia y por mala voluntad. Todos caemos en las trampas de un mundo que se llena de imágenes, pero en ninguno es capaz detener la mirada. Nuestros padres tenían en su casa un álbum de fotos y conocían la historia de todas las fotos y de todas las personas que aparecían en ellas. Nosotros tenemos miles y confundimos todo. Parece que todo se vuelve pasajero y efímero. Trata de detener la mirada, ver y entender todo lo posible de los que te rodean.
Feliz sábado de miradas.
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