Tenía su vida tan trasparente, así que como era de esperar, todos sospechaban que oculta algo. Nunca trataba de presumir, siempre hablaba de frente. Estas cosas ya no se llevan. No publicaba nada en las redes, ni se dejaba meter en las polémicas creadas por otros para enfrentarlo a los que siempre estaban a su lado y con los que nunca tuvo problemas, aunque pensaban diferente. No trataba de presentar a sus argumentos a gritos, creyendo que la verdad se defiende sola. Todo lo que pensaba pertenecía a otro mundo en vía de extinción, en donde no había “fake news”, no había bulos, ni “postverdad”, ni realidades alternativas, ni “metaversos”. Un mundo que puede ser que está desapareciendo afuera, pero nunca debería desaparecer dentro de nuestro corazón ni en las relaciones con los demás.
Feliz martes sin distorsiones.
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