En una mañana perezosa de un fin de semana, cuando el cuerpo por alguna razón no quiere o no puede ser muy activo, es bueno activar los ojos y otros sentidos, observando bien el mundo que nos rodea, tratar de descubrir que nos está trasmitiendo. Puede ser que tenemos momentos en la vida que no es tan importante hacer más, sino ver más y sentir más. Normalmente no tenemos suficiente tiempo para mirar, y si ya miramos solo vemos a nosotros mismos y lo que nos duele. No vemos los procesos circunstancias y todo alrededor y sobre a todos alrededor. Ahí en los espacios abiertos en la inmensidad y majestuosidad de la naturaleza está la fuerza que también a nosotros nos está poblando. Sintiendo la conexión al final sentimos la fuerza.
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