Las veces que salimos a encuentro de alguien, damos algo de
nosotros. Sembramos semillas que con el tiempo pueden frutificar
brindándonos una amistad, un apoyo en fin compañía y felicidad.
Entre nosotros y las personas que visitamos se queda lo más valioso
e irrecuperable – el tiempo. Tiempo que no es ni mío, ni tuyo, ni
de nadie, pero que tu y yo podemos usar para construir la felicidad y
las relaciones que justo se escapan a paso del tiempo. No tengas
miedo de perder porque solo así saldrás ganando ampliando tu
espacio y recibiendo lo que diste.
Feliz Domingo de Visitas.

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