domingo, 2 de febrero de 2014

Dejando las prisas

Los domingos se abren las puertas y a la casa atormentada por las prisas, entra la calma. El desayuno siempre es muy dulce y sabroso, porque las sonrisas endulzan cada palabra de un lento despertar. Después del almuerzo se sirven los mejores postres adornados con risas y mucho tiempo libre. No se usan como saborizantes las prisas artificiales, su lugar ocupa el respeto y la atención a lo que dicen los demás. Con un domingo así uno es capaz digerir todos los problemas de toda la semana.

Feliz domingo de colores y sabores.

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