Los domingos se abren las
puertas y a la casa atormentada por las prisas, entra la calma. El
desayuno siempre es muy dulce y sabroso, porque las sonrisas endulzan
cada palabra de un lento despertar. Después del almuerzo se sirven
los mejores postres adornados con risas y mucho tiempo libre. No se
usan como saborizantes las prisas artificiales, su lugar ocupa el
respeto y la atención a lo que dicen los demás. Con un domingo así
uno es capaz digerir todos los problemas de toda la semana.
Feliz domingo de colores
y sabores.
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