Marivel tenía una cosa
muy útil, un buen colador para las palabras. Cada día miles de
ellas llegaban a sus oídos. No siempre pudo escuchar lo que oía, y
cuando escuchaba tenía mucho cuidado para que lo que escucha no la
afecte. Sabía bien que hay palabras con espinas, que pueden arañar
y dejar heridas por mucho tiempo. Su colador le permitía dejar pasar
solo las palabras que nutren y alimentan las relaciones. El resto se
quedaba afuera para ser reciclado.
Feliz Sábado de colar
las palabras.
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