Mala suerte la de Juan Antonio, porque a estas
alturas de su vida, se sintió acorralado. No veía la salida de esta
situación. Sus excusas ya muy gastadas no le servían más. No podía
escabullirse por ningún lado. No le quedaba otra solución que
resignado y abatido reconocer que tiene todo para ser feliz. Si no lo
era totalmente dependía de él. Era fruto de su decisión. Situación
nueva y muy incomoda para él, que era acostumbrado con un par de
excusas y justificaciones salir de peores emboscadas de su destino.
Rendido y muy a pesar suyo, empezó sentir el placer de no tener que
huir de si mismo. Ni tener que correr detrás de algo o alguien
reclamando cosas.
Feliz Sábado sin excusas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario