En su casa decían que el mundo era malo. El peligro
estaba detrás de cada esquina, al final de cada sombra. Las palabras
tenían doble sentido, los halagos y cumplidos doble intención. No
era fácil romper el cascaron en el que sus padres lo tenían
aprisionado. Pero cuando salía a la calle y atravesaba el parque
sintiendo sol en su piel y el aroma de flores, un pajarito de duda
cantaba en sus oídos. El mundo seguía siendo bello y colorido a
pesar de que la gente a veces opaca sus colores con cosas que hacen.
Feliz Sábado desde Bolivia.
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