Doña Enferminia siempre
tenía algunos rencores al alcance de la mano. Eran bien útiles.
Servían para justificar su malestar y mala cara con sus reacciones
bruscas e hirientes. Permitían correr al medico en búsqueda de que
él le solucione problemas que a ella le da pereza a solucionar.
Enferminia no estaba dispuesta reconocer su propia responsabilidad
por su estado. La pereza puede más que el sufrimiento. Es más fácil
justificar lo injustificable que hacer un paso en dirección de
cambio y mejoría.
Feliz Lunes de primer
paso en la semana.
Hoy despedimos a sao
Paulo Brasil rumbo a Paraguay.
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