Hasta la tormenta más larga y oscura, cede lugar a la
luminosidad. La nueva luz, que se abre el paso entre los nubarrones,
permite ver con más intensidad los colores. Cundo se dibuja en el
cielo trémulo un arco iris, une los puntos distantes, presentándonos
como si fuera un puente, un camino, que sobrepasa las malas rachas y
los baches de la vida. Siempre hay un variopinto abanico de
posibilidades y soluciones. Parece un canto de alabanza a la
diversidad, a la que nosotros en nuestra mezquina pequeñez y los
celosos cálculos, con frecuencia nos oponemos. Cada camino, que me
lleva a encuentro con otra persona, me tiene que elevar encima de mi
rutinaria cotidianidad. El encuentro siempre tiene sabor de fiesta.
Feliz Martes de luces de arco iris.

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