Ayer admiraba un árbol plantado por mi abuelo Francisco. Un
abedul, hoy día grande, majestuoso, que sobresale a los demás
arboles. Pero no siempre fue así. Hace años, cuando siendo niño
quería trepar a su cima, no lo podía hacer, porque sus ramas
estaban demasiado finas y muy cerca una de otra. Luego se robusteció
lo suficiente, para permitirme ver el mundo de otro nivel. Hoy lo
admiro pues inspira confianza, es ejemplo de fuerza y firmeza. Creo
que para mi simboliza personas y procesos que ellas vivieron. Muchas,
que parecieron firmes, fueron derrumbadas por las tormentas de la
vida. Otras que parecieron débiles, se alimentaron de buena savia y
hoy son ejemplo de firmeza, sirven de referencia para otros, que aún
están en el camino.
Feliz Lunes de crecimiento.

No hay comentarios:
Publicar un comentario