La misma ciudad, las mismas calles recorridas con algo de prisa.
Uno no espera nada nuevo, parece, que no queda lugar para lo
extraordinario. Basta un rayo del sol, para pintar el paisaje con
otra intensidad. Una nueva mirada ilumina lo cotidiano y lo convierte
en extraordinario. Tan poco se necesita, para cambiar todo lo que nos
rodea. Tal vez, no cambiar nada realmente, sino más bien, cambiar
nuestra percepción de las cosas. Y ahí está la parte del secreto
de la felicidad. La diferencia entre los que vivimos en un solo mundo
– la percepción de una sola realidad, igual para todos. Unos
alcanzamos disfrutar de cada cosa, otros nos quejamos de cada cosa.
Si vivimos en un solo mundo ¿por qué tan diferentes sentimientos
delante de las mismas cosas?
Feliz Miércoles de buena percepción.

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