Unas veces todo tenemos muy
claro, sabemos por qué vamos y a que venimos. Otras veces todo está
confuso, la vida se va por sus caminos y nosotros en vez de ser sus
protagonistas nos volvemos espectadores. Solo sabemos que la Madre
nos mirará sin juzgar, que en ella encontraremos la paz que se nos
había perdido. No necesitamos mucho, basta con una sola mirada. Las
cosas entre una Madre y sus hijos se entienden sin muchas palabras,
se comunican entre suspiros y una que otra lagrima. Solemos cargar
las baterías por un año, para regresar y contar lo que nos había
pasado. Algunas veces muy lejos solo podemos recordar, añorar,
esperar el regreso a casa. Como nuestras propias madres llevan sus
propios diferentes nombres, también a ella se la conoce con
diferentes nombres, diferentes rostros, pero siempre con el mismo
inconfundible amor. Lejos o cerca, en este tiempo de miedos soledades
confusiones que podamos sentir su amor.
Feliz
día de la Virgencita de los Milagros de Caacupé
Feliz
martes de Inmaculada.
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