Ya
no solo era una gota la que colmaba el vaso, sino un diluvio que la
estaba arrastrando. Por donde miraba no veía una solución,
constantemente aumentaba el sordo dolor de la impotencia. La única
solución, el único sueño que le quedaba, que acariciaba entre
desgarradores suspiros, era él de ir lejos… Ahí nadie me
conocerá, ahí nadie me reprochará, a nadie tendré que dar
explicaciones. Parece una solución, uno se puede alejar de la gente,
pero imposible alejarse de si mismo. Nuestras decisiones causan la
mayoría de nuestros problemas, también en nuestras decisiones está
la solución a la mayoría de ellos. La huida no cambia nada, solo
atrasa la solución. Procura serenarte antes de dar el siguiente
paso.
Feliz
viernes sin huidas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario