sábado, 21 de marzo de 2015

Momentos de quietud

Cada día tenía su momento de quietud. Cuando era niño, lo regañaban y tachaban de perezoso viendo que a veces no hacía nada. Él no se molestaba, ni tampoco daba muchas explicaciones. Siendo joven, ni él entendía lo que pasaba, solo sabía que necesitaba de los momentos de calma. Sin grandes maestros, ni escuelas, aprendió a ser contemplativo. En estos momentos de quietud, ponía en paz su cuerpo y su mente. Equilibraba si respiración, calmando cualquier agitación. Simplemente se daba tiempo para ver, sentir, entender a cada cosa que le rodeaba y le pasaba. Una vez calmado y más sereno, volvía a sus múltiples actividades. Aunque todos los problemas estaban ahí, los enfrentaba con más calma viendo más fácilmente por donde están las soluciones. Busca tu dosis diaria de quietud. Es como vitamina que te hará más fuerte.

Feliz sábado de quietud.

No hay comentarios:

Publicar un comentario