Los golpes de la suerte no la alcanzaban, no le
dejaban moretones, ni la tenían medio aturdida. A todo a lo que ha
llegado en su vida, ha llegado gracias al trabajo de hormiga. Luisa
no se quejaba por eso, al contrario, vivía agradecida, pues cada vez
que se terminaba un camino, que inicialmente para ella era lo máximo
a lo que podría aspirar, se abría un espacio nuevo para explorar lo
que la hacía respirar profundamente sin esconder la sorpresa. Solo
tenía que atreverse a soñar y amasar los sueños y poner en el
horno de la realidad. Por eso sin grandes sobresaltos vivía una
constante sensación de cosquilleo y hormigueo, sintiendo que justo
ahora, su vida estaba en el mejor punto.
Feliz Jueves de respirar y aspirar la felicidad.

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