Una semana de silencio, una semana de
duelo. El mundo que hemos conocido dejó de existir. Se silenciaron
las palabras como se silenció el canto de los pájaros en el bosque
que murió. Una tormenta, se llevó las vidas de las personas, las
casas y el bosque que les vio crecer. Nos faltó la energía
eléctrica, la señal de Internet pero no las ganas de levantar de
nuevo el mundo que vimos caído. Antes que Internet empezó a
regresar la esperanza. El desastre fue capaz de sacar lo mejor de
cada uno de nosotros, pero para ser justo también lo peor. Muchas
veces a pesar de los signos inequívocos del cambio climático,
seguimos negando nuestra responsabilidad, apelando a nuestra
soberanía y libertad. La naturaleza no conoce límites
territoriales, fronteras, ni ideologías. Es un organismo que tenemos
que cuidar, no solo usar para nuestros intereses. Necesitamos aire
puro, agua limpia, alimentos sanos y un poco más de sano juicio,
para vivir en armonía, sin agresividad y violencia. Esa es nuestra
casa común la única que tenemos. Mi respeto a todas personas que
ayudan y trabajan después de la tormenta. Gracias por su esfuerzo y
ejemplo.
Feliz sábado de esperanza.

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