Los que les conocían se preguntaban: ¿Cómo lo hacen
para que haya entre ellos tanta confianza? En el mundo en que vivimos parece
que todos desconfían de todos. Ellos no guardaban ningún secreto ni tenían una fórmula
mágica. Simplemente hablaban, y hablando trataban de no prometer nada de lo que
no serían capaces de cumplir. Las palabras prometidas eran las palabras
cumplidas. La claridad evitaba malas interpretaciones y permitía que desapareciera
el miedo de preguntar cuando se tenía dudas. Cuando algo salía mal. Molestaba,
antes de echar la culpa hablaban sobre eso buscando la forma de mejorar evitar
para que la tensión se repita. No, no eran perfectos, ni su relación era
perfecta. Lo único que tenían bien claro que era la responsabilidad de los dos
y por igual. Los dos trataban de no desentenderse de de su responsabilidad y no
esperaban del otro para que sepa algo si no se lo han comunicado. Nadie tiene
que adivinar si se sabe hablar.
Feliz miércoles de confianza y comunicación.

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