jueves, 23 de noviembre de 2017

Palabras violentas

Escuchándolos quedaba desconcertada y sorprendida, parecían tan buenos tan respetables, pero en su lenguaje había mucha violencia acumulada. Lo que se han aguantado en su casa lo soltaban en la calle, en los autobuses urbanos y salas de espera de consultorios médicos. Palabras puntiagudas llenas de espinas que oídas a veces dolían más que la rodilla o espalda de la que se quejaban, la que les trajo a la consulta. Es verdad que el dolor nos puede quebrar y podemos perder el control, pero también es verdad que no podemos hacer pagar a otros por lo que tenemos por dentro de nuestro cuerpo o dentro de nuestra casa, nuestra vida. No causemos más heridas con nuestras palabras dichas en lugares públicos a este mundo ya tan violento y herido. Si vemos que con demasiada facilidad o demasiada frecuencia nos vamos de la boca, es señal de alarma, de los problemas y conflictos que se han clavado por dentro y necesitan atención específica y tal vez especializada antes de que infecten a todas nuestras relaciones y a todos nuestros contactos. 

Feliz jueves sin palabras violentas.

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