La noche después de la boda, me quedé en una casa
de madera en medio del bosque. Tuve uno de los más hermosos despertares al ver
como la luz y la vida me ha mirado por la ventana. Se respiraba el despertar y
todo parecía posible. Las sonrisas olvidaban aparecían en el rostro. La
esperanza frotaba sus ojitos para ver mejor el futuro, mirar con más claridad
el mañana. No era ni pesado ni difícil ponerse a caminar, ir al encuentro de un
nuevo día y una nueva realidad. A veces en la vida lo único que hay que hacer
es abrir bien la ventana. Sentir en el rostro el frescor de un día que empieza
y sacar nuestro corazón del ayer que ya oscureció. La vida puede ser nueva con
cada amanecer. Solo de ti depende si quieres participar en ella.
Feliz lunes de buen despertar.

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