Tuve la suerte llegar a Jizerka en la
República Checa. Las mismas montañas los mismos paisajes y arroyos
que no conocen fronteras. La belleza de la naturaleza es universal.
Somos nosotros los seres humanos los que nos dividimos y separamos,
construyendo muros vallas y fronteras. La naturaleza siempre está
“en casa”, en ningún lugar está de visita, nadie la puede
tachar de intrusa, de indeseada o indocumentada. Nosotros podríamos
ser como ella, a pesar de lo que pensamos y decimos somos parte de
una sola familia humana, que tiene más cosas que unen de las que nos
separan. Lo que pasa que nos empeñamos de subrayar las diferencias y
levantar las fortificaciones. Olvidamos nuestra vocación de hombres
y mujeres libres, la naturaleza nos lo recuerda, hagámosle caso.
Feliz martes sin fronteras

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