En mi pueblo Rytel mirando en cada dirección
se ve los efectos los destrozos de la tormenta con viento huracanado
que sufrimos en agosto de año pasado. Lo que pasa que no solo se
puede ver los cambios en el paisaje sino su eco en las
conversaciones. Si lugar de dudas nuestro pueblo ha cambiado, no solo
él, sino también todos sus alrededores. Uno se da cuenta que en
muchos casos ha afectado más a las personas que a la naturaleza. Esa
lentamente está presentando los primeros signos de la recuperación.
Claro que falta mucho trabajo de limpieza de siembra y cuidado, pero
se puede ver como la vida regresa a los lugares devastados. Mucho más
difícil es sanar las heridas en el alma, sacar la tristeza profunda
que todo eso ha provocado la sensación de fragilidad que se levanta
en el aire. Lo que veo una vez más me confirma que la naturaleza sin
nosotros puede vivir, nosotros sin ella no, cuidémosla.
Feliz jueves de resurgimiento.

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