Daba muchos regalos. No escatimaba dinero, tenía una mano generosa con
todos los de su casa. Al final de cuentas decía que para eso trabajaba para que
a ellos no les falte nada, normalmente no les faltaba nada con una sola
excepción. Les faltaba su presencia. Las cosas más bellas y más caras que les
regalaba no podían llenar el espacio que dejaba su ausencia. No eran ni
sustituto ni recompensa. Lo peor de todo entre todos corrían el peligro de
acostumbrarse a esta situación. Que ellos ya dejen de contar con él y que él ya
no cuente con ellos sino con su trabajo su tiempo y sus cosas. Antes de
esforzarte de dar cosas valiosas a las personas que quieres, pregúntate ¿cuánto
de tu tiempo, cuánto de ti les das para que puedan decir que cuentan contigo?
Nada es más valioso más necesario más útil que tu presencia y tu tiempo. Dáselo.
Feliz viernes de darse.

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