Llegó el domingo y se daba
cuenta que entre sus manos tenía muchas cosas lo que le impedía
acercarse a otras personas, pues siempre las cosas estaban en medio.
A veces tapaban la vista, obstaculizaban la marcha un caminar
tranquilo y seguro. Con frecuencia ocupaban más que las manos
inmovilizando los brazos, también solían ocupar el tiempo, el
corazón y los pensamientos. Manos ocupadas impiden una caricia un
abrazo. Sin estos gestos de cercanía a veces un encuentro se vuelve
muy superficial. Faltan los detalles que hacen el encuentro más
cercano, más profundo. Descubrimos que con poco basta, que cuando
por medio se punen demasiadas cosas, solo se ven cosas y desaparecen
las personas. No permitas que en este domingo las cosas ocupen el
lugar de las personas.
Feliz domingo de encuentro.

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