Se molestaba mucho cuando le
reclamaban algo. Decía que le dejen en paz, que ya es suficiente
estar exigiendo todo el tiempo, que da todo lo que puede. Realmente
era muy responsable y hasta cierto punto generoso con los que tenía
cerca. Ellos no se quejaban porque les faltaba su atención, lo que
le reclamaban y lo que él no podía entender era su tiempo y la
forma en la que daba las cosas. A veces se parecía a un repartidor
de una empresa que entrega la mercancía al cliente. No se veía por
ninguna parte su alegría, ni sus sentimientos. Muchas veces se
limitaba de dar lo que se podía comprar con el dinero que ganaba,
pero no lo que le salía de su corazón y lo que era suyo, su
persona, sus palabras, su tiempo. Olvidaba un poco que en la vida
importa mucho no solo lo qué das, sino cómo lo das y cuánto das de
lo que realmente es tuyo. Mira todo lo que rodea tus gestos de
generosidad y los sentimientos con los que das para que no opaquen
tus buenas intenciones. Da de corazón dando las cosas se capaz de
darte a ti mismo.
Feliz domingo de darse.

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