Dicen los antiguos sabios que cuando el mundo se estaba creando ahí en el mismo principio aún no había ni “antes”, ni “después”. Complicado era aquel mundo, sin antes, ni después, porque así como a uno le tocaba la vida, así se quedaba. No podía cambiar nada, porque no había ni antes, ni después. Todo inmóvil, todo quieto, en un solo lugar. Los primeros hombres y mujeres de maíz, muy pronto se dieron cuenta que un mundo así no es completo. Que cada persona para ser persona de verdad, necesita un camino, necesita movimiento. Para poder decir que antes estaba así y después de otra manera. Cuando descubrieron el camino, descubrieron la libertad. Ya nadie más tenía que estar condenado a permanecer en una situación que no le hacía feliz, sin poder cambiar nada. Como ya existía antes y después, cada uno pudo hacer su movimiento, su proceso para cambiar lo que necesitaba, sin descartar a nadie, ni a nada. Vivimos un momento muy especial en la historia de la humanidad y necesitamos a encontrar nuestros nuevos caminos para que en cada una de nuestras realidades pueda existir un antes y un después. Necesitamos cambios, algunos muy profundos y no podemos echar a perder la experiencia adquirida. Esta experiencia tiene que servir de puente entre nuestro antes y nuestro después.
Feliz sábado de “antes” y “después”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario