¿Cuántas veces en la vida nos vamos para poder quedarnos y nos quedamos yéndonos de a poco? La presencia es mucho más que la ubicación del cuerpo, un par de coordenadas que con mucha exactitud nos ponen en el mapa. Es mirar los lugares y personas amadas con los ojos cerrados, tanto en los sueños, como en la vida despierta. Es saber, que uno se ha esparcido en un lugar, en partículas de amor, amistad, estando cerca de los que viven ahí en las buenas y en las malas, riendo y llorando. Que lo que antes eran dos vidas, la mía y la de ellos, se ha vuelto una sola vida, la nuestra. Donde los recuerdos, las anécdotas, que han crecido como nuestras canas, se avivan en las conversaciones, mirando fotos, sacando los suspiros. En la vida a veces uno se va para quedarse para siempre. Un aprendizaje doloroso, a veces regado de lágrimas, pero que se convierte con el tiempo en mayor tesoro que nada nos puede arrebatar que no se empaca en ninguna maleta i detienen en ninguna aduana. Que solo tiene un único enemigo – el olvido, del que nos podemos defender fácilmente reviviendo valorando recordando estando en contacto. A disfrutar de la posibilidad de quedarse para siempre sin ocupar más espacio que el de corazón y el de la memoria.
Feliz jueves de quedarse para siempre.

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