Todos usamos muchas palabras, es admirable un lenguaje rico, pero en la vida diaria tenemos que ser gente de una sola palabras. Una palabra normalmente dicha de frente con todo respeto y confianza. El problema aparece cuando empezamos a tener varios discursos, uno de frente a la persona, que a veces lleva pocas palabras y muchos silencios, otro en los mensajes de WhatsApp u otros comunicadores y otro en las redes sociales. Ahí sin dar la cara podemos ser jueces que condenan víctimas que no tienen derecho de presunción de inocencia. El odio y desquite se mezcla con muchos más ingredientes convirtiéndose en un veneno que mata las mejores relaciones y siembra duda y la muerte de buen nombre de cualquier persona o institución. Tratemos de tener la misma palabra de frente y a espalda bajo la protección de los medios digitales. Al final así como tratamos seremos tratados.
Feliz sábado de una palabra.

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